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Para ser un buen detective hay que ser una buena persona


Por Lola Murias. Detective Privado. CEO de Descubro B2B



En un mundo obsesionado con la tecnología, los datos y la inmediatez, a menudo se olvida lo esencial. En la investigación privada también. Se habla mucho de herramientas, de técnicas, de dispositivos y de métodos, pero poco de lo que realmente sostiene esta profesión: la persona que investiga.

Porque antes que detective, uno es persona. Y no es una frase bonita ni un lema vacío. Es una realidad incómoda y, a veces, exigente.

Un buen detective no es quien más sabe, ni quien más casos acumula, ni siquiera quien más informes firma. Un buen detective es quien sabe cuándo investigar y cuándo no, quién entiende el impacto de su trabajo en la vida de los demás y quién es capaz de sostener la verdad aunque no sea rentable, cómoda o popular.

La investigación privada da acceso a la intimidad, a las debilidades, a los errores y a los momentos más frágiles de las personas y de las organizaciones. Ese acceso no convierte al detective en juez, ni en verdugo, ni en espectador morboso. Lo convierte en responsable.

Responsable de no cruzar líneas que la ley quizá no detalla, pero la ética sí. Responsable de no utilizar la información como arma. Responsable de no justificar cualquier cosa bajo el paraguas del “encargo del cliente”.

Ser buena persona en esta profesión significa saber decir que no.


Significa rechazar trabajos que buscan venganza, control o destrucción personal.


Significa entender que no todo lo legal es legítimo.


Y significa asumir que hay investigaciones que, aunque posibles, no deberían hacerse.

También implica empatía. No la empalagosa, sino la real. La que permite comprender contextos sin justificar conductas, la que ayuda a observar sin deshumanizar, la que evita convertir a las personas en simples “objetos de informe”.

Un detective sin valores puede ser peligroso.


Un detective sin conciencia puede ser rentable.


Pero un detective con principios es, paradójicamente, el más escaso.

La buena persona no es ingenua. Sabe cómo funciona el mundo, conoce la miseria humana y ha visto de cerca la mentira, el fraude, la traición y el abuso. Precisamente por eso decide no parecerse a aquello que investiga.

La profesión no necesita más detectives brillantes.


Necesita detectives íntegros.


Capaces de sostener la verdad incluso cuando nadie la aplaude.


Capaces de proteger la prueba sin ensuciar el proceso.


Capaces de recordar que detrás de cada expediente hay personas reales.

Porque para ser un buen detective, primero hay que ser una buena persona. Y por ello somos pocos en España.



Y por ello somos poco en España

 
 
 

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